“Oh, alma mía, no aspires a la vida inmortal,
pero agota el campo de lo posible.”
Píndaro. III Pítica.
De este modo abre su escrito, antesala de la complejidad,pero a la vez de la simplicidad de lo que tratará, que entre todos los temas posibilita los demás, esa pregunta, la pregunta filosófica, según el, por excelencia:
"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio.
Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta
fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el
espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos;
primeramente hay que responder. Y si es cierto, como pretende Nietzsche, que un
filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia
de esa respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias
perceptibles para el corazón, pero que se debe profundizar a fin de hacerlas claras
para el espíritu."
Su trabajo quedará inconcluso, al morir cotidianamente, como mueren tantos, en un accidente de tránsito.

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